Este artículo viene de: Pésimo pero bueno para mi negocio

Pensar y reflexionar antes de tomar decisiones.

Abrir la mente.
No dejarse arrastrar por los acontecimientos, tomar las propias decisiones, aunque la decisión sea no hacer nada.
No dejar pasar más tiempo sin saber cuál es nuestro propósito, definir claramente las reglas del juego, mirarnos a nosotros mismos y actuar en base a nuestros valores.
Dejar de preguntar ¿qué sucedió?, de ver como los acontecimientos se nos vienen encima.

Obtener información ‘objetiva’ sobre mi entorno genérico 

Tomando datos y contrastando los diferentes medios de comunicación consultados. La información que nos llega está distorsionada. Además de la prensa, televisión, radio, blogs y un largo etcétera, son fácilmente accesibles informes contrastados que contienen datos objetivos sobre economía, sociedad, política, tecnología, legislación, medio ambiente.
Además, si nos rodeamos de personas que se documentan y opinan en base a información contrastada también nos servirán de apoyo. Sobre el entorno específico. Identificar a personas y entidades que tienen una influencia directa en mi negocio. Cuantificar el volumen que genera el mercado en el que opero, y mi parte del pastel. Obtener datos veraces sobre cuántos competidores tengo, qué hacen bien y qué hacen mal. Identificar a mis clientes y proveedores principales, y cuantificar el volumen que representan sobre el total de mis operaciones.

Tener una segunda opinión 

Además de contar con la participación de colaboradores directos, debemos pedir ayuda a un profesional externo que no tenga intereses directos sobre nuestro negocio, un profesional experimentado. Hoy podemos contratar directivos por horas, conceptos como el Interim Management, el Head Renting y el Head Sharing ponen a nuestro alcance especialistas de valor que nos servirán de gran ayuda.

Ser realista 

Mirar o hacer revisar la organización por dentro siendo crítico. El Modelo de Negocio. Existen técnicas y herramientas específicas que nos servirán de guía para poner a prueba nuestro modelo de negocio, ver como éste encaja con el modelo de nuestro cliente objetivo y de los stakeholders más relevantes. ¿Qué valor estamos aportando? ¿Cómo hacemos para fidelizar? ¿Qué canales utilizamos para comunicarnos con ellos? ¿Quiénes son nuestros consumidores actuales? ¿Y el cliente ideal? ¿Cómo se generan los ingresos? ¿Qué relaciones con proveedores y colaboradores son claves para mi negocio? Debemos hacernos todas estas preguntas y poner a examen el modelo de negocio actual.
Saber qué opinan de nosotros
Preguntar a los que pagan nuestras facturas, nuestros compradores (clientes), qué les parece lo que les estamos ofreciendo, el servicio prestado, el producto… para identificar aquellos factores imprescindibles, poder hacer una evaluación de nuestro posicionamiento e identificar aquellos que son la clave del éxito del mercado. ¿Por qué nos cuesta tanto pedir la opinión? ¿Cuántas decisiones de mejora se podrían tomar si nuestro cliente nos hablase con franqueza?

Identificar mis Ventajas Competitivas 

Habiendo identificado nuestras fortalezas y debilidades, debemos hacer un análisis del impacto o Dynamic SWOT. La reflexión sobre el impacto que supone el potenciar mis fortalezas o minimizar mis debilidades y cómo estas acciones pueden ayudarnos a aprovechar las oportunidades y defendernos sobre las amenazas dará luz para identificar el camino que debemos tomar y trazar un plan específico. No se trata de tener una bola de cristal para las predicciones, sólo tener información suficiente y veraz.

Cuantificar objetivos 

¿Por qué seguimos dejando el bonus para que lo determine un responsable al final de año sin más criterio que la buena relación con sus empleados? ¿Cómo podemos asegurar que ese bonus motiva a nuestro equipo para conseguir los objetivos trazados en el plan?

Rodearnos de colaboradores de sangre caliente 

Los emprendedores de éxito siempre están bien relacionados, saben tener cerca profesionales con la mente abierta, personas con capacidad de reinventarse, que hacen una autoevaluación periódica de sí mismos, que están bien relacionados a su vez, que no toman decisiones pensando en su único beneficio, que piensan en el bien común, que oyen y saben escuchar, sin actitudes soberbias, generadores de equipo. Gente con capacidad de hacer realidad los planes trazados.
¿Vivimos en un entorno pésimo o nos lo presentan así? Yo veo emprendedores y empresarios de éxito haciendo de lo pésimo lo mejor para sus negocios.
Josep Fenoy, 16/10/2014